En Otoño


Ya está aquí, entrando en nuestras vidas, rodeándonos de largas y dulces melancolias, con su luz suave y apagada que todo lo tamiza y diluye, rodeándonos de un aura aterciopelada y dorada, silenciando nuestros pasos y vistiendo nuestro alrededor de tonos ocres y marrones, invitándonos a mirarnos dentro y a recordar a los que nos precedieron, encierra en su interior el recuerdo, y la memoria nos hace sentir frágiles y románticos, romanticismo lánguido de soledades y encuentros con uno mismo.
Me gustaría hacerme pequeño encogerme en un rincón y verlo pasar sin que afectara mis sentimientos, pero no puedo escapar, siempre me persigue y hace que vuelva la vista atrás, a los momentos y las personas que rodearon mi infancia, a las mentiras que sustentaron mis primeros pasos, a los hermanos que me negaron, a la hermana que murió en plena juventud, tan parecida a mí, veo su foto y parecemos uno, y una lágrima se congela en el ojo, una lágrima que no llegó a ser, un dolor que no existe, un olvido que no llega, y una culpa que se niega, siempre la recordaré con vida, rebelde, indómita, orgullosa y tierna, el poco tiempo que nos dejaron juntos ella me dio lo mejor, ella me quiso y ella me contó con lágrimas el porqué de nuestra separación, y gritó por mi, se enfrento y desenmascaró a la madre que no quiso serlo, los fotografió a todos y cada uno y luego nos dejó, y yo quedé huerfano de hermana, negué su muerte y lloré su distancia.
Querida Ana bien se que cada día me acompañas y donde quiera que estés, algún día, algún día estaremos juntos, ya no podrán separarnos.

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