Pateras

Imagenes de una realidad, hoy en día, parece que olvidada, a muchos les parece muy lejana, otros ni tan siquiera saben que existió, pero hay está.
Durante el siglo XIX y gran parte del XX, fuimos nosotros los que emigramos, primero rumbo a América, flujo migratorio que sería continuo, con destino a Argentina, Chile, Uruguay, Venezuela, lugares donde empezar una nueva vida huyendo del hambre y la miseria, desde Galicia y Canarias partían barcos cargados de gentes huyendo de unas condiciones totalmente miserables.
Posteriormente el ámbito de emigración se extendería al resto de Europa, sobre todo en la época llamada del desarrollismo, época en la que la falta de oportunidades llevó a cientos de españoles a abandonar sus pueblos y ciudades, hacia Centro-Europa principálmente, Alemania, Francia y Suiza, donde pasamos a ocupar los trabajos más bajos del escalafón laboral, aquellos que los propios del país consideraban que no estaban hechos para ellos, ejemplos tenemos en películas de la época, como Españolas en París, el puesto desempeñado era el de servicio doméstico para las mujeres y mano de obra no cualificada para ellos, y desde luego con bastantes carencias tanto en derechos laborales como asistenciales











Así que creo que deberíamos reflexionar, a fondo, sobre ciertas actitudes que van tomando cuerpo en nuestra sociedad, que sí, ha evolucionado y se ha desarrollado, pasando de emisor a receptor.
Con lo cual deberíamos recordar lo que nuestros abuelos pasaron y comprender las motivaciones que llevan a la gente a abandonar su país para buscarse la vida en un entorno totalmente desconocido, jamás deberíamos de perder de vista nuestro pasado.
Con todo esto no quiero decir que debamos acoger de forma indiscriminada, al no poder garantizarles unas condiciones de vida digna, ni un contrato laboral, pero sí podemos cambiar nuestra actitud en recuerdo de tantos de los nuestros que padecieron iguales penurias.
No podemos ni debemos consentir que se conviertan en nuestra carne de cañón, explotados con horarios draconianos y sueldos de miseria, y encima reírnos, esto está pasando aquí y ahora, su dignidad no nos lo debería permitir, debemos integrarlos, en nuestra sociedad, enseñarles que significa vivir en occidente, y nuestros valores, no podemos discriminarlos y encima esperar que nos lo agradezcan y adopten nuestras costumbres, no debemos
borrar quienes son, su propia identidad, debemos integrar lo positivo que de ella hay, y ayudarles a corregir incompatibilidades.


Obviamente no soy iluso y sé que todo este proceso generará amplias y controvertidas tensiones, de hecho ya se han producido, y aquél famoso eslogan, de que aquí no existía el racismo podemos darlo por enterrado, aún a pesar de su falsedad, ya que nos olvidábamos de la comunidad gitana, perpetuamente olvidada, y sumida en el ghetto, salvo si eran cantantes, bailarines, vamos representantes del folclore patrio, o grandes músicos, aún hoy en día la situación sigue siendo complicada. para ese grupo étnico dentro de nuestras fronteras, así que cuanto no más para personas procedentes de lugares en los cuales la única imagen que tienen de nosotros es la que les ha vendido la televisión y el cine.

De hecho las tensiones ya han aflorado, pero pensemos que el problema se agravaría si también ghetizamos a esta gente, generado mayores bolsas de marginación de las ya existentes, aumentando su resentimiento contra un occidente que vive en la opulencia mientras ellos no tienen nada, y ya sabemos que quien no tiene nada, tampoco tiene nada que perder, y la desesperación es el caldo de cultivo de los peores instintos del ser humano.

Hemos de darnos cuenta que este proceso no tiene marcha atrás y hemos de afrontarlo con serenidad y cordura, no podemos acoger a todos, pero tampoco desentendernos, ya que en gran medida , nosotros somos los culpables de su situación al haberles alterado el equilibrio tanto social como productivo, mediante un pasado colonial y creando monocultivos al servicio de las multinacionales sin importar el impacto social que tendría.



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