
Extracto de la entrevista realizada por Marie Françoise Colombani, editorilista de la revista Elle, a Ségolène Royal
A como Adopción.
En los Países Bajos, los homosexuales pueden adoptar a un niño. En Dinamarca, un homosexual tiene el derecho a adoptar al niño adoptado por su pareja. En Inglaterra, una pareja de homosexual puede ejercer la autoridad parental. ¿Cuál es su posición sobre estas cuestiones?
Siempre he considerado que la responsabilidad educativa que incumbe a los padres es distinta de su elección de vida personal, que estén casados o no, que viven juntos o separadamente y que sean heterosexuales u homosexuales. Esta es la razón por la que, cuando era Ministro de Familia, consideré a la Asociación de los padres gays y lesbianos como un socio en el mismo concepto que las otras asociaciones familiares. La ley sobre la autoridad parental votada sobre mi propuesta se aplica a los padres de un mismo sexo como a los otros. Creo que una política familiar justa y eficaz supone principios claros y normas que se aplican a todos. Estos principios, para mi, son la igualdad de los derechos y deberes de los padres, la denegación de toda discriminación y el interés del niño. Eso forma parte de lo que llamo la República del respeto. Como decía, en efecto, un gran número de países europeos reconocen una posibilidad de parentalidad compartida por padres del mismo sexo (en particular, en Alemania, Inglaterra, los Países Bajos, en Noruega, Dinamarca, Finlandia...) y la posibilidad de adoptar para un pareja homosexual (en España, Alemania, Inglaterra, en Bélgica, en Escandinavia...). En Francia, se dictaron algunas decisiones de adopción simple, pero no plenarias para parejas homosexuales, pero los juicios varían según los órganos jurisdiccionales. Así pues, algunos prejuicios las hicieron retroceder pero las mentalidades siguen evolucionando, quedando aún camino por recorrer. Hoy en día, una mayoría de Franceses aceptan la idea del matrimonio homosexual. Son, en cambio, un poco más reservados sobre la adopción. Es necesario seguir convenciendo, ya que la orientación sexual carece vínculo con las capacidades parentales.
M como Matrimonio homosexual.
El matrimonio homosexual se autoriza en los Países Bajos, en Bélgica o también en España.
Estaba usted en contra. ¿Qué pasó?
¡Están mal informados sobre mi posición! Nunca he estado en contra del matrimonio de los homosexuales, pero habría preferido la palabra "unión". Sé que, por razones de coma mal colocadas en la transcripción de un encuentro con lectores del Parisiense, se me hizo decir que, para mi, la familia tradicional, era un hombre y una mujer, mientras que citaba lo que, tradicionalmente, se considera como... tradicional. Me sorprendió, lo reconozco, que se me presentase con una concepción de la familia tan diferente de la idea que tengo: distinta, plural, liberada del modelo de antaño. Dicho esto, me tomé un tiempo de reflexión, ya que los temas que afectan a la familia, a menudo complejos y delicados, lo merecen. No fue ninguna venganza la no aprobación del proyecto de información del matrimonio homosexual, ya que siempre he pensado que el debate merecía más serenidad. No acepto ninguna forma de discriminación, ni la que toma como pretexto la preferencia sexual ni otros. Estoy a favor de la igualdad de los derechos y es a este respecto que no veo ninguna razón válida para rechazar la posibilidad de casarse a parejas homosexuales que desean oficializar su unión como cualquier otros. A menudo me he dirigido a los padres preguntándoles si tendrían el corazón de oponerse a la elección de vida de su hijo si tal era su felicidad. La mayoría de los franceses está por otra parte dispuesta a aceptar esta reforma.
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