Bacon & Picasso

El Museo de Bellas Artes de Lucerna expone hasta noviembre la colección de un misterioso amante del arte que prefiere guardar el anonimato: una treintena de telas y decenas de esculturas, dibujos y grabados de los dos maestros reunidas bajo el nombre Bacon & Picasso: vis-à-vis.



Un encuentro que en vida jamás logró producirse, ahora ambos confrontan sus obras y la innegable fuerza creativa que de ellas emana, fuerza creativa que en ambos caso nace del poder de la sensualidad y la carnalidad de dos genios totalmente contrapuestos en lo personal.



Pero completamente enlazados en que ambos asumen el cúmulo de historia del arte de la que eran depositarios, generandose nexos de unión. Ambos conocen a los clásicos y asumen sus enseñanzas. Los dos pintaron crucifixiones, los dos estudiaron y admiraron la obra de Velázquez, y ambos mostraron también interés por los toros. Giulio Canterini, amigo de Bacon, recordaba: "Francis era un hombre muy, muy privado. Tenía una vida secreta. Y ahí nadie entraba. Un día le pregunté por qué le gustaba tanto España". ¿Y qué contestó? "Que había buenos toros". Por su parte el mismo Bacon explicaría que en 1927 "Fui a ver la exposición Cent dessins par Picasso en la galería Rosenberg y recibí tal choque que me dieron ganas de ser pintor. '¿Por qué no intentarlo?', me dije"


Philippe Mathonnet "No puede decirse que Bacon sea el heredero directo de Picasso, pero es, sin lugar a dudas, su prolongación" ambos encontraron en el retrato, el sexo y la carnalidad su fuente inagotable de inspiración"aunque existían claras diferencias entre ambos artístas. "Mientras que Picasso era un hombre jovial y extrovertido, Bacon era un ser torturado e introvertido"

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