Fernando Yáñez de la Almedina y Fernando Llanos (ambos de formación italiana), son los dos pintores a los que, tradicionalmente, se considera como introductores de la estética renacentista en España. En 1507 se les encargó pintar el gran retablo de la catedral de Valencia. Los estilos de ambos maestros se distinguen por la claridad de la composición, el gusto por las actitudes y poses estática, y una preeminencia de la arquitectura, y menos por los prolíficos detalles ornamentales, a los que otros pintores de la época eran más aficionados, que al equilibrio de las masas. En las escenas de este retablo, tomados de la vida de la Virgen, se nota la influencia de Leonardo. Aunque los estilos de los dos pintores tienen mucho en común, Yáñez se distingue por la mayor monumentalidad de sus figuras. Llanos parece ser más adictos a la emoción y el gesto, con problemas en la expresión. Yáñez y Llanos ejercieron una gran influencia en las escuelas de Murcia y Valencia.
Sobre el año 1500 una serie de grandes pintores comenzaron a trabajar en las principales ciudades del sur y centro de España. Su obra es a menudo eclécticas, conjugando tanto elementos del norte como italianizantes, aunque preponderando este último. En Toledo, durante el primer tercio del siglo XVI dominará la personalidad de Juan de Borgoña, el cual en 1495 trabajó en la catedral de Toledo, junto con Pedro Berruguete. Su pintura destaca por una exquisita sensibilidad, su equilibrio, y un cálido lirismo carente de excesos. Observándose influencias florentinas junto a reflejos góticos. Colores luminosos y las sutiles distribuciones del espacio son las características distintivas de Juan de Borgoña, la magnífica decoración de la sala capitular de la catedral de Toledo (1509-11), en la que el paisaje desempeña una parte importante es un reflejo de esto. Además de la ejecución de varios retablos en la Catedral de Toledo, el artista completó también el retablo de la Catedral de Ávila, iniciado por Pedro Berruguete, que incluye una preciosa Anunciación, así como las pinturas del coro de la Catedral de Barcelona, esta última por encargo del Emperador Carlos I. En su trabajo de estudio, que es bastante voluminoso, algunas de las más valiosas cualidades del maestro tienden a ser neutralizados.
Durante este mismo período, el oto foco artístico será Sevilla, donde nos encontramos con Alejo Fernández. Comenzó su obra en Córdoba, para poco después trasladarse a la floreciente capital Hispalense, donde continuó viviendo hasta su muerte en 1545. Fuerte en la composición, Fernández fue particularmente hábil en el manejo de la composición, utilizando distribuciones imaginativas, como puede verse en su Epifanía en la catedral de Sevilla. Las ciudades de Sevilla y Zaragoza posee importantes ejemplos de su trabajo, en particular, la Virgen de los Navegantes del Alcázar de Sevilla, en el que la sobria y equilibrada composición y la nobleza de la forma prefiguran a Zurbarán.
Durante el segundo tercio del siglo XVI, una serie de pintores españoles serán influenciados por Rafael. Siendo, tal vez sus máximos representantes los miembros de la familia Masip: Vicente Masip y su hijo, Juan de Juanes. La labor de este último se caracteriza por un cierto formalismo en la elaboración siguiendo las directrices adoptadas por su padre, aunque no por ello carentes de gracia o habilidad. Su trabajo es armonioso, rítmicamente transparente, y bien diseñado. Estas características son especialmente evidentes en sus composiciones más populares, como la "Sagrada Familia" en la Academia de San Fernando, "el Redentor" en el Museo de Valencia, y "la Última Cena" en el Museo del Prado. De su padre es reseñable el retablo en la Catedral de Segorbe, pintado alrededor de 1530.
Sevilla también fue testigo de la influencia de Rafael. En esta ciudad los más destacados será el holandés Hernando Esturmio (Storm), y el flamenco Pedro de Campaña (Kempener). Este último, tal vez sea el más importante de ambos, nació en Bruselas en 1503. Estudió en Italia, pero en 1537 aparece trabajando en "La Gran Catedral", la Catedral de Sevilla. Poco antes de 1563 regresó a su país natal. Su estilo incluye elementos derivados de Miguel Ángel, pero éstos se compensan con las cualidades originales de su plástica y su sentido del drama. Una de las obras clave de Pedro de Campaña es el Descenso de la Cruz (1547) catedral de Sevilla, una pintura que anticipa el barroco de Rubens, fue muy admirado por otros artistas españoles, en particular Murillo. Campaña tuvo una más que simbólica influencia Rafaelesca, evidente en el retablo de la Capilla del Mariscal de la catedral de Sevilla, obra que le sería encargada en 1555. Su avance hacia el barroco y su interés en la representación de la luz se revela en su admirable Adoración de los Magos, que fue pintado en 1557 (iglesia de Santa Ana, Sevilla).
Tabla de Santa Justa y Rufina realizada por Hernando de Esturmio en 1555 para la Capilla de los Evangelistas de la Catedral de Sevilla.No hay espacio para mencionar a los numerosos artistas que trabajaron en España en este momento, pero es obligado hacer referencia, aunque sea brevemente, al gran escultor, Alonso Berruguete o Juan de Juni en particular, a su nacimiento en el Museo de Valladolid, así como a la obra de Pedro Machuca, un extraordinario arquitecto.
Luis de Morales (llamado El Divino), nacido en 1510, fue claramente una personalidad original. Las características distintivas de su estilo, una minuciosa técnica heredada de los maestros flamencos, y las formas alargadas que prefiguran el arte de El Greco, son especialmente evidentes en las obras de su período final. Morales pintó numerosas versiones de la Virgen y el Niño, a veces con San Juan, así como del Ecce Homo, que se encuentran entre sus obras más populares.
El tercer cuarto del siglo XVI trajo un fuerte deseo de innovación. Esto coincidió con la llegada del Manierismo, abiertamente representado por los pintores italianos que decoraban el Escorial, así como el interés por los venecianos, en particular, por su colorido. El pintor que mejor representa estas tendencias es Juan Fernández de Navarrete, llamado "el Mudo". Después de una "corta" estancia en Italia, donde entró en contacto con el estudio de Tiziano, comenzó a trabajar en el Escorial alrededor de 1568. Gracias a la contundencia de su imagen, su piedad y su realismo "El martirio de Santiago" (1571) es una de sus obras más conocidas, pero su Adoración de los Magos (1575), también en El Escorial, revela lo mejor de mejor técnica pictórica así como su preocupación por la luz, el claroscuro y el color. Navarrete murió en Toledo en 1579.
El arte de la segunda mitad del siglo XVI no era exclusivamente religiosa. El retrato fue el oto gran tema. El retratista neerlandés Anthonis Mor (1519? -1576) fue seguido por su alumno Alonso Sánchez Coello (1531/32-1588), quien dio un decidido impulso a este género con la gran calidad de los retratos de Felipe II y de los Infantes Don Carlos e Isabel Clara Eugenia (Museo del Prado). Este artista ha sido elogiado por su humanidad, que, en su íntima relación con los valores plásticos, lo convierte en el precursor directo de los retratos de Velázquez. La preocupación por las cualidades táctiles y convincente representación de materiales, características de Sánchez Coello, es aún más notable en la labor de su alumno y sucesor, Juan Pantoja de la Cruz (1551-1609). En sus algo hieráticos retratos, el carácter del tema es de tanto interés como la verosimilitud de las joyas, encajes, sedas, brocados y armaduras. Pantoja, como Sánchez Coello, pintaron tanto temas religiosos como retratos, siendo este último tema en el que trabajaron con mayor libertad, logrando un mayor efecto pictórico. La lenta pero ascendente preocupación por el efecto lumínico del claroscuro se verá reflejada el la "Resurreción" de Pantoja (1605), ahora en el Hospital de Valladolid.
El último cuarto del siglo XVI produjo una serie de pintores de transición, que se iba a cristalizar en una nueva concepción de la pintura. Entre estos artistas cabría destacar a Pablo de Céspedes, en Córdoba, y en Sevilla a Vasco de Pereira y Francisco Pacheco, el maestro y suegro de Diego Velázquez, quien en sus últimos años (1649) publicó un interesante tratado, "Arte de la Pintura" .

























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