"if all piano music in the world were to be destroyed, excepting one collection, my vote should be cast for Chopin's Preludes"
Henry Finck (1854-1926)
Esta breve declaración concentra toda la genialidad de estas veinticuatro maravillas que componen el Op. 28, compuestas entre 1835 y 1839 y por lo tanto en parte en la localidad mallorquina de Valldemossa, donde pasó el invierno de 1838-1839, con George Sand y sus hijos, para evitar el clima lluvioso de París.

A pesar de su brevedad y su aparente simplicidad técnica, los 24 Preludios Op. 28, habrían garantizado el paso de Chopin a la inmortalidad.
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